Doce licencias de Copilot. Dos horas de uso al mes. Entre los doce.


Una asesoría fiscal y laboral. Doce empleados. Buena cartera, buena reputación, cuentas sanas.
Doce asientos de Copilot contratados en el pack con el proveedor de ofimática. Trescientos sesenta euros al mes.
Uso real de la herramienta entre las doce personas: dos horas al mes.
Diez minutos por persona. En un mes entero.
Nadie estaba haciendo nada mal. Esa es la parte importante.
Lo que había dentro
Llevo doce semanas desmontando la fórmula pieza a pieza. Criterio, Tiempo Soberano y Lastre Digital. Hoy, la última semana, toca verla entera y funcionando sobre un caso.
Este es el inventario que salió de la auditoría, con sus números.
Cinco herramientas contratadas: tres licencias sueltas de ChatGPT, los doce asientos de Copilot, un chatbot de captación comprado después de un webinar, un transcriptor de reuniones y un gestor documental.
De las cinco, una sola superaba la prueba: el gestor documental. Era la única con una cifra atribuible, la única que hacía algo que no venía resuelto de serie y la única que había mejorado de forma sostenida.
Las otras cuatro no estaban rotas. Simplemente no hacían nada que justificara su existencia.
Y luego estaba la mochila que no se paga con factura.
Doble validación en papel de cada escrito antes de salir, con dos firmas. Veintiséis horas al mes.
Reunión semanal de coordinación de noventa minutos con los doce. Setenta y dos horas al mes.
Una suite ofimática antigua mantenida en paralelo por si acaso. Noventa y cinco euros al mes y cero horas de uso, porque nadie la abría. Simplemente nadie había firmado el apagado.
La parte que explica todo lo demás
De las cuatro últimas reuniones de coordinación, ninguna generó una sola acción con responsable y fecha.
Setenta y dos horas al mes de gente cualificada, puesta en una sala, para no decidir nada.
Y la doble firma llevaba ahí desde que no existía trazabilidad digital. Hoy el sistema registra quién toca qué, línea por línea. Se seguía firmando por costumbre, no por control.
Ahí está la fórmula entera en dos párrafos.
El criterio existía: esa gente sabe de lo suyo y mucho. Pero no llegaba a ejercerse, porque las horas estaban comprometidas en procesos que nadie había decidido mantener.
Y el lastre no estaba sumando: estaba multiplicando. La reunión existía porque había que coordinar lo que la doble firma retrasaba. La doble firma existía porque el sistema antiguo seguía ahí. El sistema antiguo seguía ahí porque nadie quería firmar su apagado.
Cada pieza sostenía a la siguiente.
Qué se hizo
No se compró nada. Esa es la parte que menos gusta y la que más cambia el resultado.
Se eliminaron tres herramientas enteras: el chatbot, el transcriptor y la suite antigua. Se retiraron los doce asientos de Copilot, que costaban trescientos sesenta euros al mes por diez minutos de uso por persona.
Se bajó la factura de las licencias de ChatGPT ajustándolas al uso real.
Y se tocaron los dos procesos de la mochila.
La doble firma en papel se eliminó, porque el control que daba ya lo daba el sistema.
La reunión semanal no se mató: se bajó de noventa minutos a treinta y se le puso una condición innegociable. Cada sesión cierra con acción, responsable y fecha, por escrito.
Esa reunión sigue pesando. Pero ahora decide.
El resultado
De cinco herramientas quedaron dos. Las dos que superaban el filtro.
De noventa y ocho horas al mes en procesos que nadie había decidido mantener, quedaron veinticuatro. Y esas veinticuatro producen decisiones registradas.
En la escala de los cuatro escalones, esa asesoría entró como Okupada: ni decidía ni mandaba, su día lo escribían procesos heredados y herramientas que había comprado otro.
Salió como Hipotecada. Que no es el final del camino ni mucho menos, pero es un escalón entero.
Y la diferencia no la hizo una herramienta nueva. La hizo mirar la lista sin mentirse.
Lo que me llevo de doce semanas
El criterio no se compra. El tiempo no se encuentra. Y el lastre no se ordena.
Lo primero se construye con años y con errores propios. Lo segundo se conquista quitándoselo a otros. Y lo tercero se vacía, que es distinto de organizarlo mejor.
Ninguna de las tres cosas tiene factura. Y por eso ninguna aparece en los catálogos de los que vienen a venderte la solución.
Llevo trece semanas publicando con método, y esto no se acaba el viernes. Simplemente toca pararse a mirar lo que ha pasado.
¿Cuánto pagas al mes por algo que tu equipo usa diez minutos?
Nos vemos a pie de calle.
