¿Vas a llamar a ese cliente, o vas a esperar a que no se entere?


Hay una pregunta sobre inteligencia artificial que casi nadie se está haciendo, y me la hicieron hace unos días en una entrevista. La respondí en un párrafo. Hoy la desarrollo entera, porque da para mucho más.
La pregunta es esta: ¿qué va a hacer el que cobró tres mil euros por un proceso que hoy viene de serie en el móvil de su cliente?
Porque eso ya ha pasado. No es una hipótesis.
Lo que se vendió en los últimos dos años
En veinticuatro meses se han facturado en este país automatizaciones, agentes y montajes a medida que hoy hace la propia herramienta sin que nadie los toque. Flujos de trabajo que costaban miles de euros y que ahora son una casilla que marcas en un menú.
Eso, por sí solo, no es un escándalo. Es el ritmo normal de la tecnología: lo que hoy es artesanía mañana viene de fábrica. Le pasó al desarrollo web, le pasó al diseño gráfico, le pasó al posicionamiento en buscadores.
El problema es otro, y es más incómodo.
Hay procesos montados sobre cosas que ya no existen.
No es que la tecnología de debajo mejorase. Es que desapareció. La plataforma cerró, el producto se retiró, la funcionalidad cambió de nombre y de precio. Y el cliente pagó por algo que hoy ni se puede abrir.
Eso ya no es el ritmo de la tecnología. Eso es haber vendido sobre suelo que no era tuyo y no haberlo advertido.
El silencio de los dos lados
Lo más revelador del asunto es que nadie ha parado a mirar el retorno de aquellas inversiones. Ni el que las vendió ni el que las compró.
El que compró no lo mira porque no sabría cómo. No tiene criterio para evaluar si aquello funcionó, y en el fondo prefiere no saberlo. Reconocer que se gastó tres mil euros en algo que hoy es gratis obliga a explicárselo a alguien.
Y el que vendió no lo mira porque no le interesa. Cobró, entregó, cerró el proyecto. Si el cliente no pregunta, el asunto no existe.
Ese silencio compartido es exactamente el mismo mecanismo del que hablé hace unas semanas: nadie compra humo porque sea tonto, lo compra porque le da vergüenza preguntar. Y nadie reclama después por la misma razón.
Aquí no hay ley que valga
Y es importante decirlo claro: en esto no hay obligación legal ninguna.
No hay garantía que reclamar. No hay incumplimiento de contrato. El proveedor entregó lo que prometió, en el momento en que lo prometió, y funcionaba. Que la tecnología de debajo se haya evaporado dieciocho meses después no es un defecto del servicio prestado.
Legalmente, todo correcto.
Por eso esta no es una pregunta jurídica. Es una pregunta de decencia profesional.
¿Vas a llamar a ese cliente y actualizarle el proceso sin cobrarle, o vas a esperar a que no se entere?
Mi respuesta, para que no parezca que hablo de otros
Yo tengo la mía, y la digo aunque me deje en evidencia si algún día no la cumplo.
En nuestro entorno hay automatizaciones funcionando que no hemos cobrado nunca. Y no por generosidad: por criterio.
No puedo cobrar por algo cuya vigencia no puedo garantizar. Si monto un proceso encima de una plataforma que puede cambiar de idea un martes, y le pongo precio como si fuera un activo permanente, estoy vendiendo una promesa que caduca sin decirle al cliente cuándo caduca.
Crecer con el cliente nos pone donde queremos estar. Cobrar por adelantado una promesa que se evapora, no.
Y esto tiene consecuencia comercial directa: significa renunciar a facturaciones puntuales grandes. Es una decisión, no una virtud. Pero es la única que me permite llamar a un cliente dentro de dos años sin tener que mirar al suelo.
Lo que esto dice del oficio entero
Al pequeño comercio llevan cuarenta años vendiéndole cosas. La web que necesitaba. El posicionamiento que necesitaba. La app que necesitaba. Las redes sociales que necesitaba.
Ni una sola vez le han preguntado qué necesita él.
La IA es solo el último catálogo del mismo vendedor.
Y esa es la parte que más me duele, porque un comerciante conoce su negocio entero, desde que crea el producto hasta que atiende al cliente que vuelve. Sabe perfectamente dónde le aprieta el zapato.
A lo mejor no es una automatización de WhatsApp. A lo mejor es ayuda con las facturas, o con lo que escribe, o simplemente que alguien se siente con él a ordenar cómo hace las cosas.
Eso no se sabe vendiendo. Se sabe preguntando.
La pregunta para ti
Si has vendido tecnología en los últimos dos años, ya sabes si esto te toca o no.
Y si la has comprado, la pregunta es más sencilla todavía: coge la última cosa por la que pagaste y comprueba si hoy sigue funcionando, si hoy sigue haciendo falta, y si hoy no vendría incluida en algo que ya tienes.
Es media hora de trabajo. Y te va a decir más sobre tu proveedor que cualquier propuesta comercial.
Esta reflexión salió de una entrevista larga que publicó La Prensa IA este domingo, donde hablo también de por qué quien empieza hoy lleva ventaja y qué le diría a alguien que arranca sin dinero ni conocimientos técnicos. La dejo enlazada abajo para quien quiera leerla entera.
¿Vas a llamar a ese cliente, o vas a esperar a que no se entere?
Nos vemos a pie de calle.
Entrevista completa en La Prensa IA: https://laprensaia.com/alfonso-reina-ia-empresas-ahorro-formacion-miedo/
